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EL MEDICAMENTO MILAGROSO

  Llegué a casa después de varias horas de hacer cola ante la única farmacia que tenia aún el esperado medicamento, el que todo el mundo codiciaba. ¡Gracias a dios!   ¡Ya era mio! Sentado en el sofá con la caja entre mis manos, ya no seria el mismo ni lo mismo. Adiós a los días grises, fuera de mi vida la monotonía y la desesperación. Trague la pastilla con ayuda de un poco de agua, ya estaba echo, tan solo quedaba esperar. A la mañana siguiente... ¡Todo es realmente nuevo!  ¡Por fin!  El medicamento había echo su efecto.    

EL RECUERDO QUE ME SALVO

  Micro-Relatos de Bolsillo         Se hizo la noche en aquel angosto paraje, donde me encontraba perdido, la baja temperatura empezó hacerme perder toda esperanza de poder salir con vida, no llegaría a ver otro amanecer, recostándome sobre un viejo árbol lloré amargamente por mi suerte.   No se cuanto tiempo pasaría pero como relámpago salió de mi mente el recuerdo de aquella revista, que leía mientras esperaba en la peluquería. Era una meditación de monjes budistas creando una Fuente de Calor, un Gran Fuego Interior. Ya no tenía nada que perder y poniendo toda mi imaginación en ello, me Relajé...   El sol despuntó de entre los arboles,  ¡Que mágico lugar aquel!   Hoy vuelvo a imaginar...    

LA VENDA

Micro-Relatos de Bolsillo Despues de tres largos meses en el hospital, por fin era el gran día,  todos mis seres queridos estaban en la habitación, entro la enfermera con el carro de curas, saco la tijeras y fue cortando la venda que rodeaban mis ojos, con voz cariñosa pero enérgica me dijo: ¡ Sebastian !  ¡ Ya puedes  abrir los ojos ! Poco a poco mis párpados se fuerón despegando,  sintiendo la luz que llenaba la habitación, empecé a deslumbrar las siluetas de las personas allí presentes. Tres meses ...  tres de ceguera por no querer ver la Verdad. ¡La Verdad que nunca queremos ver!

LA CARTA

S aco las llaves del bolsillo para abrir el portal después de un duro día de trabajo, subío pausadamente los trece escalones hasta el primer piso, en ese preciso momento recordó que tenía que haber mirado el buzón, ya que esperaba una importante notificación. Bajo rápidamente y abrió el buzón, allí estaba, empezó a leer... Las manos empezaron a temblar y sus ojos se empañaron, cayendo la carta al suelo, en la que se podía leer lo siguiente:                                                                 Ha vivido usted 12045 días.                                Ha consumido todo su tiempo.